1.6.08

La Rabia



Como un murmullo de muertos frescos

este movimiento de tierra

sube zigzagueando por las vértebras

para instalarse en la espalda gacha

y en el saludo de cejas.

Se mantienen los párpados abiertos,

a pesar de los ojos dormidos,

y la boca cerrada junta saliva

para ese escupitajo que aguarda.

Y es ese aguardar de manos juntas

que borra las líneas de las manos

el que alimenta este estruendo

este latir precipitado

esta rabia de las multitudes

esta rabia que se deposita lentamente en los estómagos

y se hereda de desayuno en desayuno

esta rabia que no se nombra

esta rabia que nos envuelve los cuellos como un cascabel

acrecentando el bullicio del planeta.

Y sentimos esta rabia de las multitudes

porque "somos multitud"

Y nuestros dientes rechinan

y nuestras tripas se tuercen

y nos vamos apoderando de esta rabia

y esta rabia nos va cerrando los puños

y poco a poco somos la rabia

somos la rabia que ha acarreado el tiempo por generaciones.

Somos la rabia que inventó la rueda

somos la rabia que llegó a la Luna

somos toda la rabia

somos la rabia de las multitudes

somos la rabia que merece el hombre

somos la multitud que no soporta el silencio

somos la multitud

que se prepara a gritar un escupitajo al cielo

para recibirlo con los párpados abiertos

nadando en una cara enferma.

Y el miedo no es quemarse

ni ser piedra con la lava que palpita

El miedo es que esa rabia

que se junta y se espesa

no tenga más salida

que el cráter de mi puño.

Yo no quiero ser el cráter

Mi rabia es suficiente

Yo no quiero ser el cráter

Mi solo grito me punza el pecho

Y siento aquel "somos multitud"

que me abandona

No quiero oír el golpe de mi cabeza en el canasto

Y aquel " somos multitud " me abandona

No quiero morir atravesado por sus calmas

Y aquel " somos multitud " me abandona.

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