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31.8.08

Bolaño no se puede leer (Por Ricardo Chamorro)


Entiendan que no es fácil encontrar a Bolaño. Parece accesible y en el fondo es terriblemente escurridizo. Me acuerdo de los intentos que he perpetrado y siempre me quedo corto. Siempre me falta algo para cumplir mis objetivos que en realidad se reducen a uno solo: leerlo.

No digamos que estuve muy informado de sus actividades. Más bien me perdí gran parte de “la polémica” con los escritores chilenos y prácticamente no puedo dar fe de su arrogancia. Recién cuando murió yo diría que me vino la urgencia por leerlo. Antes estaba en otras cosas, otras lecturas. No sé si Bolaño es necesario, tendría que tener alguno de sus libros.
La primera vez fue cuando traté de bajarlo de Internet. Fue un puro sufrimiento, el archivo venía malo al principio (o lo abría y salían símbolos en vez de letras), después fue la página la que murió. Cuando me fui a otra referencia empezaron mis problemas con los virus. Hastiado de las tontas máquinas dejé para mas adelante la tarea.

Entonces me olvidé de esa estrategia y me propuse otra: conseguir un libro real. Estuve sondeando a mis amigos a ver si tenían uno de sus libros. Casi nadie tenía. Uno de ellos, pongámosle Jaime, tenía las “Putas Asesinas” (para los no informados “Las Putas Asesinas“ es un libro de Bolaño, no me refiero a... bueno, ustedes ya saben), pero lo había prestado hacía tiempo y había perdido la fe en su devolución.

Bien, me dije, habría que comprarlo pirateado. Un vecino que es pirata me dijo que me lo iba a buscar. Esa misma semana cayó preso por pirateo con sentencia agravada a causa de unos paquetes de mariguana. Partí al centro, ya con evidente cara de circunstancias y me encontré con un tipo que tenía una edición de los “Detectives Salvajes”, era original, pero tan manoseado que me lo dejaba en dos lucas. O sea una ganga. Yo con el apuro y la tontera había salido sin plata. “¿Porqué no me lo guardai?” -le dije- “voy a la casa a buscar plata y vuelvo”
- Todos dicen lo mismo - me respondió con desesperanza.
- No. Si es verdad, vivo cerca.
Me fui. Me gritó de lejos “¡No vai a volver!”. La verdad es que volví, pero su desesperanza era tanta que no me esperó y se lo vendió a otro tipo que iba pasando.

La cosa es larga de explicar y, por supuesto, no termina ahí. Las aventuras siguieron con otros libreros, otros piratas y otras web de libros gratis. Todavía no leo ni una sola línea de Bolaño. Cuando suceden rarezas como la que cuento no hace mal preguntarse si se trata de maldición china. No hace mal contarlo al psicólogo ni hace mal echarle una mirada a las tarotistas de la plaza de armas. Cosas. Metafísica. Manías inconscientes que te impiden una acción porque en el fondo no deseas esa acción ¿no deseo leer a Bolaño? Absurdo, más parece que Bolaño no desea que yo lo lea porque pasarán cosas. ¿Qué? Claro, Bolaño está muerto. Por supuesto que lo sabía. Lo cual no es ningún impedimento. Lo que yo sospecho es algo bien persecuto: Bolaño no quiere que yo lo lea, porque será mala influencia para mí, me convertirá en un marginal de las leyes literarias y desde la marginalidad beberé ron hasta la borrachera, siempre, escribiendo, sin parar. O sea, una mala junta. Y una mala junta que ya es un fiambre para más rematarla.

Mientras corto la “esoteria espacio temporal aplicada a la literatura” estoy aquí con uno de Asimov y he pensado que podría emprenderla con Tolstoi. Proyectos. Opciones. Eso, claro, si Bolaño no dicta otra cosa desde el mas allá.

30.10.07

Los Perros Romanticos


En aquel tiempo yo tenía veinte años
y estaba loco.
Había perdido un país
pero había ganado un sueño.
Y si tenía ese sueño
lo demás no importaba.
Ni trabajar ni rezar
ni estudiar en la madrugada
junto a los perros románticos.
Y el sueño vivía en el vacío de mi espíritu.
Una habitación de madera,
en penumbras,
en uno de los pulmones del trópico.
Y a veces me volvía dentro de mí
y visitaba el sueño: estatua eternizada
en pensamientos líquidos,
un gusano blanco retorciéndose
en el amor.
Un amor desbocado.
Un sueño dentro de otro sueño.
Y la pesadilla me decía: crecerás.
Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto
y olvidarás.
Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen.
Estoy aquí, dije, con los perros románticos
y aquí me voy a quedar.


Roberto Bolaño

1.7.07

12 Consejos de Roberto Bolaño para escribir cuentos


Como ya tengo 44 años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos.


1) Nunca abordes los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.


2) Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.


3) Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes.


4) Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral.


5) Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.


6) Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así.


7) Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel. Gran error: ¡Deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval!


8) Bueno: lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.


9) La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra.


10) Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas.


11) Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas.


12) Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.